domingo, 31 de octubre de 2010

Víctor

Hace poco más de 365 días conocí a un sujeto del cual creí que era solamente eso... un sujeto. Rememorando días hasta volver al presente me doy cuenta de que aquel sujeto, que paso después a ser un amigo y después adquirió el titulo de novio y ahora amo demasiado.

Palabras podría decir muchas creo que las palabras siempre son insuficientes para describir las emociones (pero siempre trato de asemejarlas lo mas posible a la realidad), Panchito dice que "Cuando te llega, te llega" creo que comienzo a comprender su frase y es que cuando este cariño dejo de ser incipiente para ser infinito, realmente no lo sé, lo que me importa es tú y yo.

Toda tu existencia se reduce a la sonrisa de mi rostro cada vez que te veo, cada vez que me abrazas, me besas, cuando te veo llegar en mi escuela, todo tú es el completo que quiero para mi vida, se que nada es seguro, no se cuando tiempo más acompañes mis días (que espero sea siempre) los disfrutare como si fuera el último.

Aquel chico que conocí en un billar "rascuacho" y del cual en se sentó a poca distancia de mi y del cual solo me inspiraba miedo, es ahora mi músico, mi amigo, mi novio, al que respeto, admiro y quiero mas allá de donde su imaginación termina.

Te amo Víctor.

martes, 5 de octubre de 2010

Taza de Café

El reloj me torturaba y el tiempo me sonreía tal cual un loco desquiciado, de vez en cuando hechaba un vistazo por la ventana. Trataba de hacer todo lo posible por que mis ojos no se centraran en esa taza de café que se encontraba justo en el centro de la mesa principal de nuestra casa. Las manecillas por fin me complacieron y me llene de euforia. Eran las seis de la tarde de un viernes muy nublado.

Recorrí lentamente el vestíbulo me encantaba deambular por él, pero odiaba esa ridícula pintura, si aquella que te empeñaste mil veces en colgar en la pared, era espantosa, los colores empleados en ella hacian añicos mi sensibilidad.

Por un instante me olvide del tiempo, y volví a mi realidad al escuchar ese clásico azote de puerta, que indicaba su llegada.

-Amanda ... ¿Cuándo le tomarás cariño a ese pintura?- preguntaste en un tono tan dulce que sentí ganas de vomitar. -Nunca- respondí cortante, dí la vuelta y te observe detenidamente, traías puesto uno de tantos trajes negros que te otorgaban un aspecto tan lúgubre.

-Ven- susurre, mientras me dirigía al comedor.

-¡Por Dios Santo Amanda, haz preparado café es que acaso el mundo se ha vuelto loco! - exclamaste dejando notar a flote tu felicidad por esa común bebida. -No es nada- agregue dejando así sin importancia tu comentario.

-Pero no es posible, realmente no me lo explico, odias el café mas que a nada en el mundo, entonces ¿por que lo has preparado?. -Tu lo adoras, supongo que es un razón suficiente-.

-Vamos Amanda sabes que no es la razón, tiene años que me lo prohibes, y ahora de la nada me lo das, pero que demonios sucede dejame adivinar que sigue, fumemos tantos cigarrillos como podamos-.

Te mire de pies a cabeza con todo el coraje que pudo mi mirada, escuchar la palabra "cigarro" me provocaba un malestar insoportable. Lo notaste y bajaste la mirada de inmediato, trataste de enmendar tu acto sorbiendo rápidamente el café, yo sonreí y me devolviste la misma sonrisa.

En ese momento comenzo mi felicidad, ay amor mío si supieras lo que bebías, realmente no era veneno si no años de desprecios y humillaciones continuas, ahora lo comprendes, ahora sabes que el amor no se compra, no teníamos que llegar a esto, pero así lo quisiste, yo no le pertenezco a nadie, pero te empeñaste a poseer mi libertad, que triste, por que en el momento que decidiste tomarme por esposa ... yo visualize tu acta de defunción.

No paso mas de una hora cuando tu cuerpo ya yacía sobre el piso, que pena, bueno después de todo no soy tan mala si tan solo fue una simple taza de café.