sábado, 11 de enero de 2014

Amor inútil

Se vestía con prisa, lamente no poder abrazar su torso desnudo unos minutos más. 
Quise retenerla entre mis brazos, pero jamás podría hacerle sentir que pierde libertad, porque después de todo, ese es su encanto.

Creo que le parece placentero desordenar mis pensamientos, le encanta hacer de mi vida un caos y lo peor es que no me importa.

Me aproxime a ti limosneado cariño pero me esquivaste con rapidez. ¿Cómo podías consumirme a besos para de un momento a otro mostrar un vil desprecio? Entre mas fría y lastimosa eras más me aprehendía a esta amor que solo yo sentía.


Supongo que mi rostro reflejo un marcado desaliento porque me tomaste por el cuello y mordiste fuertemente mis labios.

-No malgaste tiempo en pensar lo que sucederá, déjalo ser- susurraste.

¿Déjalo ser? ¿Eso era todo? Si al final de cuentas soy todo lo que quieres que sea...

Abandonaste mi habitación cerrando la puerta de un portazo y haciendo trizas mi dignidad, intentaré reconstruirme mientras espero con ansias (nuevamente) el momento en que vengas y me desbarates.


Penitencia

Soy esa persona que no debiste mirar
Soy esa sonrisa que te aprisiono con prontitud
Soy todo eso que no querías que te sucediera...

Dicen que marcarte límites es malo, pero a veces sirven como cerco de precaución; la nobleza te valió de protección y de algún modo te filtraste hasta ese lugar donde nacen las esperanzas.

No hay nada peor que sentir miedo por cosas que no controlas, te he abierto la puerta y ahora con terror quiero que te marches de prisa.

Despreocúpate de maldecirme, mi penitencia comenzó resucitaste lo que aún conozco como amor y entre tanto escepticismo ahora me toca padecer la intolerable necesidad de estrujarme a cada uno de tus huesos.