martes, 10 de noviembre de 2015

No name

Lo encontré perdido entre tumulto de la gente, atolondrado tras esas gafas redondas,
perdido dentro de sí.

Sus cabello rizados eran tan bonitos que parecían un montón de caracoles juntos,
andaba por la vida tan despreocupado que ese simple hecho me electrizaba.

Existe cierto encanto en la sencillez que hasta la fecha soy incapaz de explicar,
encuentro complicado describir lo genuino de tu alma en este infierno que llamas ciudad.

A primer instante (y como muchos) quise corromperte, viciarte, sobornarte
No lo hice, ¿o será que no quise?
No importa
Me quedo con la inquietud
de lo que cuentan tus ojos ahora.

1 comentario:

Anónimo dijo...

No se si aún publiques en tu blog o si aún lo revises, ni siquiera sé si algún día verás este comentario; probablemente eso me da el coraje para escribirte ahora. Tal vez me recuerdes o tal vez no, eso ahora no importa. Partimos en direcciones opuestas hace ya mucho tiempo y de manera poco grata. Aún hoy en día me encuentro pensando en ti ocasionalmente; creo que hay amores que nos marcan por siempre. Hoy, finalmente, puedo decirte que comprendo muchas de tus palabras y de tu acepción más madura que la mía de la vida y por ello, también ahora puedo ver todos los errores que cometí, no sin el dolor que conlleva haberte lastimado. Sé que ahora tu vida está completa y que aunque no dejo de pensar que el día de hoy podrías ser mi felicidad, tú estás bien. Sin embargo, quiero pedirte perdón por todo lo sucedido. Gracias por haberme obsequiado bellos momentos, Itzel.